Carnaval

Asomarme por la ventana el miércoles por la tarde y ver a gente disfrazada, gente adulta, no hablo de niños menores de 14 años, hablo de padres y madres de familia no hace otra cosa que agriarme un carácter ya de por sí malo.

Lo siento, pero no lo entiendo. NO LO ENTIENDO. Oye que todos hemos ido a una fiesta de disfraces. Y que todos hemos hecho el payaso muchas veces, pero lo de ir por la calle disfrazado por la tarde, de buenas a primeras, no lo entiendo. Y es que además no lo quiero entender. Se me escapa completamente porque alguien que, en principio, tiene cara de persona sensata decide vestirse como un majadero sin gracia y baja a la calle a dar un paseo. No lo entiendo, señores.

Y no es algo que no entienda y me fascine como el origen del universo o como se creó la vida en la Tierra. No, hablo de algo que no comprendo y que me produce un completo desasosiego y una honda preocupación por el ser humano, su comportamiento social y la evolución de la sociedad que nos lleva hacia un futuro completamente desesperanzador.

Sí, claro que estoy a favor de que las personas hagan lo que les parezca bien mientras no hagan mal al resto, pero es que entiendo que esto no significa un cheque en blanco para hacer lo que cada uno quiera. Creo que vivimos en una sociedad y como tal debemos comportarnos, como seres sociales. Y creo que tener 45 años e ir disfrazado de vikingo a las 18:30 de la tarde un miércoles no es un síntoma de salud de la comunidad que nos ha tocado habitar. Es más bien un sinónimo de que algo no está bien y que pronto va a estallar por algún lado. Veremos a esos adultos que se disfrazan de bebé en la intimidad saliendo a la calle sin que a nadie le moleste, y os podré parecer lo que queráis, pero es algo que no puedo tolerar y que a mí me incomoda muchísimo, no lo pienso ocultar.

Y como ya sé que alguno se va a tomar esto muy en serio y se va a pensar que soy una especie de dictador pues os anuncio que no estoy en contra de las fiestas de disfraces (“Tú solo por la calle paseando y tomando un gofre vestido de caperucita roja no es una fiesta de disfraces, José Ramón, por mucho que insistas.”) y estoy muy a favor de que la gente no me haga caso. Me gusta quejarme, si todo fuera como yo digo me aburriría.

Así que os ruego que sigáis haciendo lo que os parece bien, así siempre tendré sobre que protestar.

Ahora ya los sabes.

 

Muchacho

Muchacho

Agitador social, filósofo y cronista deportivo
share on: