Iñigo Letemendia, referente indiscutible del surf en Europa, falleció en San Sebastián, acompañado en la intimidad por su compañera de vida, Marian, y sus hijos, Tala y Adur. Su historia personal y profesional dejó una profunda huella en varias generaciones dentro y fuera del ámbito del surf.
Desde sus primeros años, Letemendia destacó por un enfoque vital poco convencional, marcado por una curiosidad incansable y un espíritu aventurero que lo llevó a recorrer océanos y culturas. Ese impulso creó el ambiente perfecto para que, en 1979, fundara Pukas Surf, proyecto que terminaría convirtiéndose en uno de los impulsores más influyentes de la industria del surf en Europa.
Su carácter carismático, su energía desbordante y una sensibilidad marcada también por desafíos de salud mental lo situaron en el centro de la escena internacional del surf en los años 80 y 90. Durante ese periodo estableció vínculos personales y profesionales con figuras de relevancia mundial como Sunny García, Mark Occhilupo, Vetea “Poto” David, los Irons y un largo número de iconos que reconocieron en él a un aliado imprescindible.
Uno de los hitos más destacados de su carrera llegó en el año 2000, cuando Sunny García se proclamó campeón del mundo utilizando tablas Pukas, un acontecimiento que Letemendia consideró siempre uno de sus mayores orgullos. No obstante, su compromiso con el desarrollo local del surf fue igualmente determinante. Su cercanía y apoyo constante a deportistas como Ibon Amatriain, Aritz Aranburu y Aitor “Gallo” Francesena, consolidaron su papel como figura central del surf vasco y español. Su relación con Canarias añadió otro capítulo importante a un legado ampliamente reconocido.
La partida de Iñigo Letemendia deja un vacío significativo, pero también un legado sólido: una visión pionera, una comunidad global fortalecida y un impacto perdurable en la cultura del surf. Su contribución continúa presente en cada tabla y cada historia vinculada a Pukas y a las generaciones que inspiró.


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