Goodmorning Vietnam

El otro día habló Rajoy en el Parlamento en un burdo intento de compensar todas las veces que no lo ha hecho en los últimos tiempos. Y contestó Rubalcaba en otro absurdo intento de decir algo sin decir nada más que, viendo cómo están las cosas por el bando azul, su partido no está tan mal. Y yo los escuché por la radio.

La radio es ese invento maravilloso que consiguió comunicar y acompañar allende los mares, resistir en tiempos de guerra y que yo me fuese a dormir cuando tenía alrededor de 4 años pues me gustaba hacerlo en el sofá escuchando las voces del salón. La radio fue la solución y convirtió a la que estaba encendida en mi cuarto noche y día, en el tercer transistor que sonaba en casa de mis padres y el único que lo hace en las casas que comparto y cuyos habitantes me miran raro. “Pero no te molesta?”… ¿Cómo me va a molestar? Es un sonido de fondo que acompaña y que subo y bajo a mi antojo según me interese. Entrevistas, programas de cine (cómo lo echo de menos) y, por supuesto, el acompañamiento a tardes de sábado con pitidos que anuncian goles, comentarios que advierten del tono de guasa y de refilón, un deporte que ya conocía y al que me volví adicta. En mi caso, primero fue la radio y después el fútbol.

También fueron primero las tertulias políticas y luego entender cómo funciona este circo. Y es que, volviendo al inicio, escuchar al Presidente y al líder de la oposición hablar es mucho más directo que leer una interpretación de lo que dicen. Son sus palabras a tus oídos. Y retumban en tu cabeza. Y te desesperas.

Hace mucho que no escucho palabras cargadas de razón, de realidad y con intención de dar esperanza. Hace mucho que no oigo hablar del futuro. Esto me asusta. Y esto mismo fue lo que comenté atropelladamente cuando me dejaron participar unos segundos en este medio que me parece que tiene algo de mágico. Puede que nadie estuviese escuchando al igual que nadie está pensando en el futuro. No en el mío, que ya está siendo y no me están dejando vivirlo, sino en el de los que vienen detrás. ¿Por qué será que no aprendemos que la política no puede pensarse de 4 en 4 años? ¿Por qué será que en este país nadie piensa en el prójimo? Nadie.

La teoría del sálvese quién pueda es la que manda. Yo la primera, que participo en un sistema de contratación pésimo que permite reciclar becarios como quien cambia el papel higiénico y cuenta con el beneplácito del Estado. Vivir así, parcheando, es un error de base. Falla el sistema y fallamos todos.

Porque en esta vida estamos de prestado. Un rato nada más se nos permite pasar por aquí. Y la única condición que se te impone es que lo dejes bien para el siguiente, como en los baños públicos. Lo cual no deja de ser una metáfora bastante atinada de lo que es la política. Un gran baño público donde todos hacen sus necesidades y nadie limpia porque dice que ya se lo encontró así. Pues bien, yo no quiero que mis hipotéticos hijos ni los de todos los que cohabitan conmigo en este gran urinario público, sucio y en el que aún por encima hay que pagar, se encuentren una estampa tan lamentable como la que tenemos hoy. Para arreglarlo no nos hacen falta papeles que digan quién tenía que haberlo limpiado, sino quién se va a encargar de dejarlo como los chorros del oro. ¿Serás tú? ¿Seré yo? ¿o votamos a uno que decida quiénes tienen que hacerlo? Seguramente será esto último…y seguramente por eso la democracia, al menos esta, funciona tan mal… Porque a nadie le apetece limpiar la mierda de los demás simplemente para que el siguiente se encuentre el baño limpio. Sobre todo porque el siguiente no será él. Él cagará (con perdón) en un baño privado que todos nosotros habremos pagado.

Lo firma Carmen González García
www.unapiranha.blogspot.com

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