Malé: Sin City

Existen fronteras tan cercanas que no hay territorio en medio de ellas. La cercanía que aceptan las flores, la mar y los fantasmas siempre me han fascinado. Las ciudades son el hilo conductor de tan bello orquidelirio de sábanas y adoquines fatales.

Sobre esto ya hemos hablado, sobre las sábanas y las macetas. Los fantasmas y las flores conviven en los cementerios. Las ciudades son cárceles sin puertas ni ventanas. Así pues, tienen sus puertas y sus ventanas de la buena vida que suelen llamarse bares.

Los fantasmas son aquellos seres que transitan por las grandes ciudades como zombies en busca de empleos, gastos, pagas, sombra de ojos, disfunciones y problemas. A todos ellos les espera un cementerio lleno de flores.

Hemos hablado mucho de esto y esta vez será la última. Las flores tienen un lugar privilegiado en las grandes urbes. Son sinónimo de vida y sus hojas esqueletonizadas no son comunes; como los fantasmas, o como las lluvias en un llanto de agosto.

Vida y muerte. Fantasmas y flores. Male y ciudad. Malvidas y paraíso. Hace unas horas decidí pasear por la capital maldiva un par de días. No en busca de olas, cosa que sí encontré, sino más bien en busca de sus calles y sus bandas organizadas.

Un país que vive del turismo y no tiene alcohol en sus calles significa mafia. Calles estrechas y húmedas. Edificios que no tienen portales ni calles naciendo de otros edificios y parques cerrados para evitar aglomeraciones de manifestantes liberales.

Desde 1968 manda Ibrahim Nasir y el 100% del territorio de la isla está ocupado, siendo el futuro una quimera, su expansión una lunática inversión y su ocupación un circuito de motociclismo del sálvese quien pueda.

Curvas que serían rectas en Mónaco y un enorme puente en construcción a manos de los chinos. Calor, humedad y mucho plástico vivo. Tan vivo que se mueve por todo el país en busca de un lugar en donde colonizar desde su contaminación jaleada por el humano poco responsable.

La isla se acabó, es un hacinamiento en el medio del mar. Es pura ciencia ficción pasear por sus calles. Es una ciudad diseñada en los sueños de H. R. Giger, sólo faltaría su más emblemática criatura, Alien. Debería ser el escenario de un nuevo cómic de Sin City, es para Robert Rodríguez un caramelo de pinceladas oscuras.

Podría competir con el Manicomio de Arkham, la Isla Diablo, El Sarcófago de Carbonita y hasta con la cautiva, valga de semántica, Prisión Mental Argrathi.

Todas las herramientas están allí y los hidroaviones te sacarán de ella. Un vez pisado el atolón Kaafu que da nombre a Malé podrás hablar contundentemente sobre una vida insular.

Pídete un coco bajo una palmera y negocia con copra y conchas. No olvides ponerle ritmo a la isla con “NYC Ghost & Flowers” de Sonic Youth, como ya hemos dicho en cientos de versos olvidados.

En el fondo hay coral muerto y rezos a las mismas horas. Muy en el fondo hermanan la densidad de población, las islas, las olas, las gentes, los fantasmas y las flores se atraen. Por que una nueva vida espera en las colonias espaciales. Podremos volver a empezar en una tierra dorada llena de flores, fantasmas, oportunidades, aventuras y la escena final de Blade Runner que jamás debió salir de Malé.

Jaji Iglesias

Jaji Iglesias

Co fundador de Cerveza Salada, columnista y editor.
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